Se escaparon vivos.
Esa es la sensación que tengo sobre el partido de ayer. Que el Atleti hizo un gran partido, pero no remató a un débil rival. Tuvo una primera media hora grandiosa, gol de Mista incluido, en la que con una presión perfecta no permitió jugar al Madrid. Torres y Mista comenzaban a tapar la salida de balón por parte de los centrales blancos, Maxi y Petrov por las bandas, y Luccin y Maniche se encargaban de frenar al único madridista que sabía que un balón es redondo: Guti. Sólo un pase con peligro salió de sus botas, y en un despiste de Pernía, que no se enteró de que iba el tema, el Madrid consiguió un empate que no merecía en absoluto. Después de eso, diez minutillos más de achuchón madridista, más por fuerza y cabezonería que por calidad, una clara ocasión de Maniche a pase de Torres, y poco más.
La segunda parte empezaba igual, con un Madrid voluntarioso, pero con poco fútbol. Gutiérrez seguía intentándolo, pero el Atleti no estaba por la labor de permitírselo: Aguirre había dado órdenes antes del partido de frenarle. A todo esto los rojiblancos, a lo suyo. Mucha presión, plantándose en la portería de Casillas en tres o cuatro toques, y yendo a por el partido. Entonces salió el Kun, que está tocado por una varita, y Sergio Ramos recibió la segunda amarilla por agresión a Torres. Es lo que tiene el fútbol. Tienes una amarilla, das un guantazo a un rival, el árbitro te pilla y te expulsa. Mala suerte, chaval. Otro que mereció la expulsón fué R. Carlos, por una entrada a Agüero por detrás y sin balón por medio. Lo de este hombre merece un capítulo aparte. Está como una cabra y dentro de poco volverá a lesionar a alguien de gravedad, como a Valdo el año pasado.
A partir de ahí asedio rojiblanco. Una cabalgada de Torres entre tres defensas blancos, que cede el balón al Kun para que Casillas sacara una mano magnífica, y carrusel de cambios de Capello, que dejaba claras sus intenciones. Fuera Guti y Reyes y dentro Beckham y R. Bravo. Un empate fué para los blancos un buen resultado, visto lo visto. Dicen que más tarde entró Ronaldo, pero yo no le vi.
Y en el minuto 44 estuvo la clave del partido. Balón del Kun lejos del área. Encara y se la cede a Torres, que se la devuelve en una pared preciosa, que deja a los centrales blancos mirándose, y a Sergio delante de Casillas. Entonces el argentino, que sabe que es genio, que sabe que tiene algo que pocos más tienen, intentó lo mas complicado: una vaselina que Casillas no hubiese atajado en la vida. Cannavaro, supuesto mejor central del mundo, miraba atónito junto a Iker y 85.000 madridistas más la caída del esférico. Fuera. No se le creían. Pero el Kun, que como hemos dicho sabe que es un genio, torció un pelín el gesto, como extrañándose de haber fallado la ocasión mas clara del Atlético.
Pero para intentar un vaselina ante Casillas, con Cannavaro achuchando, en el Bernabéu y con 1-1 en el marcador hay que tener dos cojones. Pero dos cojones bien grandes. Y el Kun los tiene. Él y Torres nos van a dar grandes tardes, estoy seguro. A pesar de que algunos digan que Fernando estuvo perdido. Pues menos mal. Participó en el gol, dio los pases de las tres ocasiones mas claras de Atlético y expulsó a Ramos. Si llega a estar enchufado…
Conclusión: En los últimos años siempre hemos salido al Bernabéu con miedo. Pero ayer ese miedo fueron ganas de vencer. Aguirre, que me convence cada día más, no tuvo miedo y supo transmitir esa sensación a sus jugadores, que jugaron sin complejo alguno, con muchísimas ganas. Pero faltó la guindilla. Un gol que habría cambiado toda la historia. Se mereció la victoria y se jugó mejor que el Madrid, que recibió pitos y dio por bueno un empate en casa. Se escaparon vivos, pero la sensación es de que el Atleti ya no es una banda, sino un equipo, con jugadores que luchan, que se apoyan y que se parten la cara por el compañero. Y ese es el camino para llegar lejos.